Katarsis: aquello que necesitamos dejar antes de volver a puerto

Antes de entrar a puerto, los marineros limpiaban la cubierta. Arrojaban por la borda los restos inútiles de la travesía y, mientras trabajaban, entonaban un mismo canto:
Katarsis.
La escena posee la fuerza de una metáfora. Después de atravesar tormentas, noches inciertas y mares desconocidos, no alcanzaba con divisar tierra firme. Antes de regresar, había que ordenar la nave, limpiar las marcas del viaje y desprenderse de aquello que ya no debía acompañarlos.
También nosotros acumulamos restos durante nuestras travesías.
Conversaciones que nunca terminamos. Palabras que no pudimos pronunciar. Vínculos que todavía pesan. Culpa, resentimiento, miedo, cansancio. Experiencias que alguna vez nos protegieron, pero que con el tiempo se convirtieron en una carga.
No todo lo vivido debe conservarse.
La catarsis no consiste simplemente en descargar emociones ni en expulsar impulsivamente lo que sentimos. Es un proceso más profundo: reconocer aquello que llevamos dentro, darle un lugar y decidir conscientemente qué merece permanecer y qué necesita ser soltado.
Porque arrojar algo por la borda no significa negar que existió.
Significa comprender que cumplió una función durante una parte del viaje, pero que ya no puede seguir ocupando espacio en nuestra embarcación.
Una necesidad de hoy y de siempre
Vivimos en una época que nos exige continuar sin detenernos. Terminamos una experiencia y comenzamos inmediatamente la siguiente. Cambiamos de trabajo, de vínculo, de ciudad o de etapa sin concedernos tiempo para comprender qué dejó en nosotros aquello que acaba de suceder.
Seguimos navegando con la cubierta llena.
La acumulación emocional no siempre se manifiesta de manera evidente. A veces aparece como irritabilidad, ansiedad, insomnio, desgano o una sensación difícil de explicar: la de estar sosteniendo algo cuyo nombre todavía desconocemos.
Hacer una pausa puede ser el comienzo de la limpieza.
Preguntarnos qué estamos cargando. Qué conversación continúa resonando. Qué pérdida no terminamos de aceptar. Qué mandato seguimos obedeciendo. Qué parte de nuestra historia necesita ser escuchada antes de poder transformarse.
La palabra también limpia la cubierta
Hablar no modifica lo sucedido, pero puede cambiar la relación que mantenemos con ello.
Cuando una experiencia encuentra palabras, deja de actuar únicamente desde las sombras. Puede ser observada, comprendida y resignificada. Aquello que parecía una masa confusa comienza a adquirir contornos.
En ese sentido, la terapia no promete borrar el pasado ni arrojarlo todo al mar. Nos ayuda a distinguir.
Hay recuerdos que forman parte de nuestra identidad. Hay dolores que necesitan cuidado. Hay aprendizajes que conviene conservar. Y también existen culpas, exigencias y formas de relacionarnos que quizá ya podamos dejar atrás.
La catarsis no destruye nuestra historia: la ordena para que podamos continuar.
Antes de llegar a un nuevo puerto
Cada cambio importante de la vida puede requerir su propia ceremonia de limpieza.
Antes de comenzar un nuevo vínculo.Antes de tomar una decisión.Antes de cerrar una etapa.Antes de volver a confiar.Antes de regresar a nosotros mismos.
Tal vez no necesitemos olvidar lo vivido. Tal vez necesitemos mirar nuestra cubierta y preguntarnos:
¿Qué parte de este viaje deseo conservar y qué estoy preparado para dejar ir?
Los puertos no son solamente lugares de llegada. También son espacios desde los cuales volvemos a partir.
Y, algunas veces, para navegar hacia lo nuevo es necesario escuchar aquel antiguo canto que todavía atraviesa el tiempo:
Katarsis.





Muchas gracias por el artículo, es una realidad completamente necesaria. Como profesionales sabemos que uno se carga de lastre, criticas, problemas, estrés inncesesarios para un cambio genuino, por lo tanto acompañamos a las personas en este proceso de limpieza, y cambio necesario.