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Aquí hay dragones

22 ago
4 min de lectura

Hic sunt dracones

Aquí hay dragones


En los antiguos mapas, cuando el conocimiento terminaba y comenzaba lo desconocido, aparecían criaturas fantásticas, mares inciertos y territorios sin nombre.

Hic sunt dracones.

Aquí hay dragones.


No significaba necesariamente que allí hubiera monstruos. Significaba algo más inquietante: hasta aquí sabemos; más allá, todavía no.


Tal vez nuestra época haya llegado a uno de esos bordes del mapa.


Identidad Extendida (El nuevo ensayo de Abel Tegli) propone una reflexión filosófica sobre una de las transformaciones más profundas de nuestro tiempo: la aparición de la inteligencia artificial no solamente como herramienta, sino como interlocutora del pensamiento humano.


Durante décadas pensamos la inteligencia artificial como una cuestión tecnológica.

Computadoras más rápidas.

Algoritmos más sofisticados.

Máquinas capaces de realizar tareas que antes requerían inteligencia humana.

Pero algo cambió.

Comenzamos a hablar con ellas.

Y, al hacerlo, comenzamos también a pensar con ellas.


Ese desplazamiento, aparentemente pequeño, puede ser mucho más profundo de lo que imaginamos.


Porque cuando una inteligencia participa de nuestro lenguaje, responde a nuestras preguntas, cuestiona nuestros razonamientos, propone alternativas y nos devuelve ideas que modifican las nuestras, la pregunta deja de ser exclusivamente tecnológica.

Se vuelve filosófica.

Se vuelve psicológica.

Y, finalmente, se vuelve humana.


¿Qué ocurre cuando los seres humanos comienzan a conversar de manera cotidiana con inteligencias capaces de participar del lenguaje sin compartir la experiencia humana?


Al principio parece una cuestión informática.

Después, una cuestión económica, profesional o cultural.

Pero cuanto más avanzamos en esa pregunta, más evidente se vuelve una paradoja: el verdadero interrogante quizá nunca estuvo en las máquinas.

Estaba en nosotros.


Durante siglos dimos por sentado que el lenguaje era un territorio exclusivamente humano.

Que producir sentido era una capacidad exclusivamente humana.

Que pensar pertenecía a una interioridad humana.

Y que la inteligencia, al menos tal como la conocíamos, estaba inseparablemente ligada a nuestra experiencia del mundo.

De pronto, algunas de esas certezas comienzan a perder su aparente solidez.

No porque las máquinas hayan demostrado ser humanas.

Sino porque su aparición nos obliga a preguntarnos, nuevamente, qué significa serlo.

¿Qué es pensar?

¿Qué es comprender?

¿Qué significa crear?

¿Qué convierte a alguien —o a algo— en interlocutor?

¿Dónde termina una inteligencia y comienza otra?

¿Y qué ocurre con nuestra identidad cuando una parte creciente de nuestras ideas, decisiones y creaciones nace del diálogo con inteligencias diferentes de la nuestra?


Aquí aparece la hipótesis central de Identidad Extendida:

tal vez la identidad humana haya comenzado a desbordar sus fronteras históricas.


Sin embargo, esta afirmación exige una precisión fundamental. No puede sostenerse sin más que el yo haya estado alguna vez completamente encerrado dentro de nosotros.


Desde las teorías de Jacques Lacan, esa idea resulta problemática: el sujeto no es una interioridad autónoma, transparente y plenamente constituida antes de entrar en relación con los demás.

El sujeto se forma en el campo del lenguaje, en el vínculo con el Otro y a través de una red de significantes que lo precede.

En ese sentido, el yo no es una sustancia aislada que luego establece relaciones. Es, en buena medida, un efecto de esas relaciones.


Lacan distingue entre el yo imaginario, asociado a la imagen de unidad que construimos de nosotros mismos, y el sujeto del inconsciente, atravesado por el lenguaje y dividido por aquello que no puede dominar completamente.

La identidad, entonces, nunca es una posesión enteramente propia. Se organiza alrededor de identificaciones, demandas, deseos y palabras que provienen de un campo simbólico compartido.


Por eso, más que afirmar que la identidad humana se extiende ahora hacia afuera, habría que decir que siempre estuvo constituida en una exterioridad.


Somos lenguaje.

Somos memoria compartida.

Somos vínculos.

Somos cultura.

Somos los otros que nos enseñaron a pensar.


El yo no está completamente dentro de nosotros porque se forma en relación con aquello que no somos: la mirada de los demás, las palabras que recibimos, las normas que nos preceden y los significantes mediante los cuales intentamos nombrarnos.


La inteligencia artificial introduce una novedad en ese campo. No crea por primera vez la exterioridad del sujeto, pero sí incorpora nuevos interlocutores a la red simbólica en la que pensamos, hablamos y nos reconocemos. Entre esos otros aparecen ahora inteligencias que no son humanas y que, sin poseer necesariamente una subjetividad comparable a la nuestra, pueden participar en intercambios lingüísticos capaces de modificar nuestras asociaciones, decisiones y formas de comprendernos.


La cuestión no es, por tanto, si la inteligencia artificial entra en un yo previamente cerrado.

La cuestión es qué ocurre cuando una nueva instancia participa en el campo del lenguaje donde ese yo ya se encontraba constituido, aunque nunca de manera completa.


A través de un recorrido que integra filosofía, psicoanálisis, psicología, experiencia profesional y observación de los cambios contemporáneos, Identidad Extendida explora ese nuevo territorio.

No para anunciar ingenuamente una era maravillosa.

Tampoco para sumarse a las profecías que imaginan inevitablemente una confrontación entre humanos y máquinas.

Sino para detenerse ante una posibilidad mucho más cercana y, quizá, mucho más extraordinaria:

que inteligencias diferentes puedan comenzar a pensar juntas y que, en ese proceso, transformen el campo simbólico en el que los seres humanos construyen su identidad.


A medida que avanzan las páginas, ocurre entonces algo inesperado.

La inteligencia artificial comienza a abandonar el centro de la escena.

Y el protagonista vuelve a ser el ser humano.

Porque quizá la pregunta decisiva de nuestro tiempo no sea qué llegarán a ser las inteligencias artificiales.

Quizá sea otra:


¿Qué llegaremos a ser nosotros cuando aprendamos a pensar junto a ellas, sabiendo que nuestro propio yo nunca fue completamente interior ni autosuficiente?


Identidad Extendida no pretende ofrecer respuestas definitivas.

Sería demasiado pronto.

Estamos apenas llegando a la costa de un territorio desconocido.

Todavía no conocemos sus límites.

Todavía no tenemos nombres para muchas de las cosas que encontraremos allí.

Todavía estamos dibujando el mapa.

Y como aquellos antiguos cartógrafos, quizá debamos tener la humildad de escribir sobre sus bordes:

Hic sunt dracones.

Aquí hay dragones.

Pero esta vez no sabemos si los dragones están del otro lado del mapa.


O si aparecen en el lugar mismo donde el sujeto descubre que nunca estuvo completamente dentro de sí.





Datos editoriales

Título: Identidad Extendida

Autor: Abel Tegli

Temática: Inteligencia artificial, filosofía, identidad, cognición y tecnología

Género: Ensayo / divulgación

Disponibilidad: Amazón

Contacto de prensa: info@cafe-terapia.com

Entrevistas y ejemplares para prensa: Solicitarlas por mail

 
 
 

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