Más allá de lo presencial: el vínculo terapéutico en la era digital
- El Equipo de Café Terapia

- 28 abr
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Actualizado: 28 abr
A esta concepción profunda de la primera entrevista que propone Fundamentos de la técnica psicoanalítica —y que desarrolla Horacio Etchegoyen con notable precisión— se le suma hoy un nuevo escenario que no puede ser pensado como un simple cambio de formato: el marco de lo virtual.

La virtualidad no es únicamente un medio; es un dispositivo que modifica las coordenadas del encuentro clínico. El “primer instante” ya no ocurre necesariamente en un consultorio, sino en una pantalla, en un chat, en un entorno donde el cuerpo está presente de otro modo: mediado, fragmentado, a veces incluso diferido. Sin embargo —y aquí radica un punto crucial—, lo esencial de la experiencia que describe Etchegoyen no desaparece. Se transforma.
En el espacio virtual, la primera entrevista suele comenzar antes de que el terapeuta hable. Comienza en la espera de una respuesta, en el tiempo de carga de un mensaje, en la incertidumbre de si alguien estará del otro lado. El encuadre ya no se construye únicamente con palabras, sino también con tiempos de respuesta, claridad en la comunicación y calidad de la recepción inicial. Un mensaje cálido, oportuno y bien orientado puede cumplir, en ese contexto, la función de ese primer gesto de bienvenida que en el consultorio tradicional se expresa con la presencia.
Esto exige una reformulación sutil de la técnica. Si en el dispositivo clásico el terapeuta dispone de la riqueza del lenguaje corporal, del tono, de los silencios compartidos en presencia, en lo virtual debe afinar otros registros: la precisión del lenguaje escrito, la capacidad de transmitir escucha en pocas palabras, el manejo del ritmo en la interacción. No se trata de empobrecer la clínica, sino de desplazar sus apoyos.
La idea de Etchegoyen de que el paciente debe “sentirse comprendido” adquiere aquí una exigencia mayor. En un entorno donde la distracción es constante y la conexión puede ser frágil, ese sentimiento no puede quedar librado a lo implícito. Debe hacerse explícito, visible, casi tangible a través de la palabra. Una intervención breve, pero ajustada, puede generar más impacto que un largo desarrollo teórico.
Asimismo, la transferencia —lejos de debilitarse— puede intensificarse en lo virtual, aunque de un modo diferente. La pantalla, al mismo tiempo que distancia, también protege. Para muchos pacientes, ese “no estar físicamente” habilita una apertura más rápida, una menor inhibición. Lo que en el consultorio podría llevar varias entrevistas, en el entorno virtual puede emerger con mayor inmediatez. Pero esa misma rapidez exige del terapeuta una mayor capacidad de sostén y de ordenamiento, para que lo que aparece no se disuelva.
El diagnóstico y la indicación, por su parte, deben adaptarse a un contexto donde el paciente muchas veces llega con expectativas distintas: inmediatez, accesibilidad, menor formalidad. Aquí la función del terapeuta es doble: respetar ese nuevo modo de acceso sin renunciar a la rigurosidad clínica. Es decir, alojar la demanda sin diluir el encuadre.
Finalmente, el cierre de la primera entrevista en lo virtual adquiere un valor aún más estratégico. A diferencia del encuentro presencial, donde el simple hecho de haber compartido un espacio ya deja una marca, en lo virtual es necesario construir activamente esa huella. Un buen cierre organiza la experiencia, orienta y, sobre todo, deja abierta una posibilidad de continuidad que el paciente pueda reconocer con claridad.
Podríamos decir, entonces, que el aporte de Etchegoyen no solo sigue vigente, sino que se vuelve aún más necesario. Porque en un entorno donde todo tiende a la rapidez y a la superficialidad, su planteo nos recuerda que lo esencial no está en el formato, sino en la calidad del encuentro.
La primera entrevista —sea en un consultorio o en una pantalla— sigue siendo ese momento donde algo puede empezar a tener sentido.Y en lo virtual, quizás más que nunca, ese sentido debe ser construido con intención, precisión y presencia, aun en la distancia.




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